lunes, 8 de marzo de 2010

TRES HISTORIAS DE MUJERES TRABAJADORAS


Tres historia de mujeres trabajadoras. Suceden en Argelia, Mozambique y Nicaragua. pero se repiten en cada aldea, en cada ciudad del planeta. Tal vez, algún día, se alcance el sueño que anima cada uno de sus días: un mundo en paz, justo y en el que hombres y mujeres sean absolutamente iguales ante la ley, en la sociedad.

FATIMECHU (EL AAIÚN, CAMPAMENTOS SAHARAUIS EN ARGELIA)

Fatimechu en su haima de Guelta


Amanece en el Barrio 2 de la daira Guelta en la wilaya de El Aiún. Fatimechu ya se ha levantado hace una hora para preparar el sobrio desayuno, a base de galletas y leche de camello, para sus cuatro hijos. Es un día más en este olvidado desierto argelino. Los niños se irán al colegio y ella retomará sus actividades cotidianas: limpiar la haima y el angosto cubículo de adobe que sirve de letrina. Después buscará agua y dará de comer a su única cabra. Antes de que vuelvan sus hijos, tendrá el almuerzo preparado. Después se pondrá a ayudar con los deberes y, al final de la tarde, visitará a su anciana madre o recibirá con el té preparado las visitas de familiares y amigos. Su marido, Mohamed, lleva ya cinco años fuera. Está en España, en Málaga. Trabajando en lo que puede y le dejan. Acaba de conseguir los "papeles" y pronto podrá pasar unos días con ella, de vacaciones. Fatimechu no tiene buena salud, no pasa un mes sin que tenga que acudir al centro de salud donde antes de abandonar el desierto trabajaba su marido. Apenas quedan ya hombres en los campos de refugiados saharauis en Tinduf. Todo el peso lo llevan las mujeres. Ellas son las que trabajan esta tierra inhóspita que nunca les pertenecerá. A la espera de un amanecer que les devuelva al país del que un día, hace más de 30 años, fueron expulsadas.

DULCE (MANHIÇA, MOZAMBIQUE)

Dulce, atareada en su "palloja" de Manhiça
Es la cuarta esposa del "cacique" de Manhiça. Todos la llaman Dulce, no se sabe si porque es su nombre original o por su carácter extremadamente delicado. Como es la última en unirse a su marido, se encarga de las tareas más pesadas. Limpiar, lavar los utensilios de la cocina, cocinar... A por el agua van los niños. Todos los días media hora hasta el riachuelo y otro tanto de vuelta. Nunca se la ve erguida delante de su esposo. Como toda la familia debe respetarlo hasta el punto que su cabeza no debe superar la de él. Dulce nunca está triste: ríe, canta, juega y toca. Ama tocar a los visitantes, a sus hijos, a los niños de las otras esposas del "cacique". Esta noche habrá ratas salvajes de cena, con un poco de arroz. Y como hay invitados, las últimas coca colas de la despensa. Junto a la hoguera, sentada en el suelo con sus dos hijos en el regazo, Dulce canta y rie bajo una luna y mil astros que iluminan el cielo. Mañana será un día más.


GLORIA (ASENTAMIENTO DE LAS LATAS, JINOTEGA -NICARAGUA-)


Gloria, con cuatro de sus seis hijos en la puerta de su chabola en Las Latas


Tiene seis hijos de cuatro hombres diferentes. "Los hombres aquí, dice, solo sirven para eso: para hacer hijos". Y no le falta la razón a Gloria. Vive de amasar tortas de maiz para los militares de paso. Además atiende a los niños, cuida de la casa, acude todas las tardes a la escuela de adultos que dirige una ccoperante vasca, cultiva pequeñas parcelas de café y frijoles del asentamiento y, hace años, tenía tiempo de acudir con su fusil todas las noches a las trincheras para defender el poblado de los ataques de la "contra". Los hombres, mientras, se matan en el frente; y los que quedan apuran sus tragos de ron tumbados en cualquier esquina. Ella quiere tener muchos hijos para cuando sea mayor. Para que alguno de ellos la cuiden. De los seis, y con mucha suerte, uno velará su vejez en un país sin seguridad social, sin pensiones, extremecedoramente miserable. Pero Gloria esconde un tesoro, un tesoro al que solo accede ella. Su jardín, su diminuto rincón con decenas de flores abigarradas y luminosas. Las riega tres veces al día. Y ellas, las flores, mejor que nadie saben de sus íntimos deseos, de sus ilusiones, de su pasiones y de su alma tierna y bella.

(Redeyes)
(Fotografía: Natividad del Valle e Isaac G. Toribio)

lunes, 15 de febrero de 2010

LA INDIA: El Ganges


"Santones a la orillla del Ganges en Varanasi.


Cuenta la leyenda que la diosa Ganges quiso bajar a la tierra. Pero en el olimpo de los dioses hidús cundió el pánico. Tanta agua podía destruir el planeta. Después de un cónclave, Shiva ofreció una alternativa. Él pondría la cabeza en las cimas del Himalaya para que el agua transcurriera. Y así Ganges llegó a La India.

Hoy el río Ganges es el santuario más preciado para los hindús. Allí depositan las cenizas de sus muertos, y todos los cuerpos vivos no humanos, porque todos ellos son sagrados. Allí ritualizan la salida y la puesta del sol y con sus aguas mojan su cabeza como símbolo de bendición.

Vanarasi (antigua Banarés) es la ciudad del Ganges. Quién visita Vanarasi cortará el ciclo de las reencanaciones y logrará el Nirvana. Miles de personas acuden cada año a la ciudad para morir. Para ser incineradas en la docena de ghats que cicatrizan el río.

Este es un mundo de ritos, no de dogmas. Sus 33 millones de dioses habitan en un manantial inmundo, receptor de cuerpos de animales, de cenizas, de cuerpos humanos puros (niños, embarazadas, santos). Cada atardeceer, cada amanecer hombres y mujeres se acercan a sus riberas, se bañan, se purifican y vuelven a sus trabajos con los que apenas alcanzan para una comida al día.

Sus dioses están cercanos: Shiva, Visnhu, Krishna... Sus dioses están vivos en sus vidas. No premian ni castigan, dirigen a la iluminación, al matrimonio con lo cercano y lo eterno. Sin dogmas. Sólo el rito y la rutina. Una rutina de bondad y respeto a la vida. A todas las vidas.

lunes, 1 de febrero de 2010

INFACIA (3): LA MOSCA

Los granos son diminutos y amarillos. Están depositados sobre una hoja suelta de un periódico local en el borde de la mesa. Hasta descubrirlos, en mi casa se usaban los aerosales para acabar con las moscas. Pero, un día, mi madre trajo de Albacete estos polvillos amarillos nápoles y todo cambió.

Ahora se aproxima una. Parece desconfiar del escenario y me intriga si podrá salvar su vida. Aterrizó, hace apenas unos segundos, junto a mis gafas negras. Desde allí oteó el entorno y, por fin, se decidió. Veloz, alcanzó la página del periódico y con un corto salto se encaramó. Junto a la letra L yacía inerte la última aventurera que había seguido este mismo recorrido. Camina despacio, pisa la E, la Ó y la N, y me mira -pienso en ese momento en cuántas moscas me han mirado, cuántas más me mirarán en el resto de mi vida-.

Una más, me digo, mientras la observo atentamente. Ella me da la espalda púdicamente y se decide a comer. ¿No habrá visto a su compañera muerta allí mismo?, me interrogo. Sí, la ha visto, porque ahora retrocede. Da dos saltitos y se larga. Se acerca al cadáver, junto a la L. Lo toca con las patas delanteras, lo huele, despacio, como concentrada en un rito para devolver la vida.

Asustada y rígida vuelve a mirarme. Percibo un gesto de reproche, de rabia. Está fustrada y desorientada. Buscaba amor y encontró muerte. Las moscas no saben lo qué es el amor, ni la muerte, me consuelo.

Vuelve a los granos amarillos. Está eligiendo en el último momento el arma que ha de arrancarle la vida. Si pudiera hablar, me interrogaría ahora sobre quién mató a las demás, quién había decidido matarla a ella misma. Y yo no sabría qué responder.

Y entonces empezó la agonía. Gritos inaudibles, convulsos movimientos de sus patas, mientras su cuerpo giraba frenético describiendo círculos. Después de reposar unos minutos, volvía a la lucha.

Las moscas mueren despacio, convertidas de pronto en peonzas alocadas atrapadas en una noche sin luna. Pero ésta es distinta. prefiere la agonía digna a la abrupta. Ya sin fuerzas, se deja caer de su patíbulo y descansa. Intenta encontrar fuerzas en una última bocanada de aire, pero solo logra atrapar volutas de humo de mi último pitillo.

Su cabeza es ahora más achatada y elíptica, su antenas se mueven nerviosas, su trompa flácida. Sólo sus alas transparentes y sus cortas patas parecen aferradas a la vida. Vuelven los espasmos, esta vez dirigidos hacia mí. Para, intenta recomponer la postura, alzarse sobre sus patas, volar. Consigue así llegar hasta el borde de la mesa. Y su vuelo se convierte en caída, definitiva caída. La miro por última vez. Ha muerto con dignidad.

Siempre creí que aquella mosca iba a ser diferente, que no comería ni un solo granito amarillo nápoles.

(Redeyes)

LOS GOYAS DE MAYO

Francisco de Goya (1746-1828) es una de las figuras más impresionantes del arte universal. Y no solo por la repersusión de una obra que ha marcado toda la pintura del siglo XX, sino también por lo independiente y consecuente de su genio, entroncado como ningún otro en su época.

Luminoso y locuaz en su primera actividad plástica - eran los tiempos de los tapices y los retratos aristocráticos-, plasmó posteriormente con patetismo la invasión napoleónica de su país y se sumió en las sordas sombras de la muerte en su madurez. Su vida estuvo marcada por un mes y un año: mayo de 1808.

Goya sufrió por partida doble la invasión francesa. Él era un hombre ilustrado, defensor de las ideas liberales de Napoleón. Al sur de los Pirineos, el absolutismo monárquico perseguía las reformas itelectuales y políticas que habían prendido en el resto del continente. ¿Qué hacer entonces? Sus compatriotas morían en la calle rematados por los sables liberales.


Goya fue mucho más allá de la descripción del odio entre unos y otros. Su temperamento, poco sociable y su insaciable curiosidad penetraron en el subconsciente de dos sociedades en guerra. En "El Dos de Mayo de 1808 en Madrid: la lucha con los mamelucos" (arriba) se representa el enfrentamiento entre los soldados egipcios de Napoleón y la masa anónima del pueblo madrileño. No hay aquí héroes, sino una ira ciega y amarga que descompone los rostros en expresiones convulsas. Las actitudes son crispadas y todo el cuadro se sumerge en na inaudita violencia.

Como en este lienzo, Goya muestra poca gloria y mucha angustia en otra obra maestra de aquellos días: "El Tres de Mayo de 1808".


Se trata ahora de subrayar el efecto embrutecedor de la guerra en el ser humano, y no su lado caballeresco. A fuerza de querer emanciparlo todo, hemos emancipado también la guerra. Antaño ocasión de sacrificio y de salvación para algunos, se ha convertido en condenación de todos. La ejecuación del cuadro es tan violenta como la misma escena representada. Aquí el pintor llega a las mismas puertas del expresionismo que marcaría todo el siglo posterior. Seres humanos, los asesinos y las víctimas, están envueltos en algo ajeno y muy superior a sus propias circunstancias. Sólo en otra obra, el "Guernica", de Pablo Picasso, el hombre ha llegado a profundizar tanto en sus propias miserias.


(Isaac G. Toribio)

miércoles, 27 de enero de 2010

PALABRAS DE AGUSTÍN GARCÍA CALVO

(Júpiter visto por Rubens)

Lo hermoso de la Ilíada es aquella manera con que pinta el mundo, como si lo viera el hombre por primera vez, y corriese de un lado para otro llorando de amor, con los brazos levantados, preguntándole al cielo quién puede tanto, y dónde está el creador, y cómo compuso y mantuvo tantas maravillas. Y otra hermosura de la Ilíada es el modo de decir las cosas, sin esas palabras fanfarronas que los poetas usan porque les suenan bien; sino con palabras muy pocas y fuertes, como cuando Júpiter de consintió en que los griegos perdieran algunas batallas, hasta que se arrepintiesen de la ofensa que le habían hecho a Aquiles, y «cuando dijo que sí, tembló el Olimpo». No busca Homero las comparaciones en las cosas que no se ven, sino en las que se ven: de modo que lo que él cuenta no se olvida, porque es como si se lo hubiera tenido delante de los ojos. Aquellos eran tiempos de pelear, en que cada hombre iba de soldado a defender a su país, o salía por ambición o por celos a atacar a los vecinos.


(Agustín García Calvo)

miércoles, 13 de enero de 2010

PERROS COMO HILOS

EDMOND (hijo bastardo de Gloster) en EL REY LEAR, Shakespeare, (Acto I, escena II)

"La estupidez del mundo es tan superlativa que, cuando nos aquejan las desgracias, normalmente producto de nuestros excesos, echamos la culpa al sol, la luna y las estrellas, como si fuésemos canallas por necesidad, tontos por coacción celeste; granujas, ladrones y traidores por influjo planetario; borrachos, embusteros y adúlteros por forzosa sumisión al imperio de los astros, y tuviésemos todos nuestros vicios por divina imposición. Prodigiosa escapatoria del putero, achacando su lujuria a las estrellas. Mi padre se entendió con mi madre bajo la cola del Dragón y la Osa Mayor presidió mi nacimiento, de donde resulta que soy duro y lascivo. ¡Bah¡ Habría salido el mismo si me bastardean mientras luce la estrella más virgen de todo el firmamento.
Dicen que en los últimos segundos de la vida, el moribundo observa, desde la ventana del sótano de su alma, la imagen intemporal, pero completa, de su vida. La muerte es el instante más importante de la vida, con la ventaja decisiva de su carácter irreversible."




Y por qué no?. Todos debían tener su Buñuel, Ford o Fassbinder para dirigir ese instante crucial. Para mí, imagino perros como hilos sobre soberbios caballos raptando hacia la ventana (Redeyes)

sábado, 9 de enero de 2010

EL PASO DE LA LAGUNA ESTIGIA (Joachim Patinir (1480-1524)






Joachim Patinir (1480-1524) fue el primer pintor flamenco que otorgó a la naturaleza un papel protagonista en sus composiciones, relegando a las figuras a un plano secundario. "El Paso de la Laguna Estigia" es considerado unánimemente por la crítica como su mejor obra y una pieza maestra de la pintura universal.

En el lienzo se combinan motivos paganos y cristianos. Vemos a la izquierda los Campos Elíseos, o Paraíso de los Bienaventurados, poblados por figuras de ángeles y una construcción cristalina al fondo. En el centro, Caronte, el barquero de la mitología griega, surca con su embarcación las aguas de la laguna llevando el alma de un difunto. A la derecha, los resplandores de un incendio alumbran una torre que simula el infierno, cuya puerta, según los cánones clásicos, estáguardada por el Cancerbero, el siniestro perro de tres cabezas.





viernes, 8 de enero de 2010

LIBREROS EN CRISIS


Las pequeñas librería están en crisis. Quién se lo iba a decir a mi amigo A., veinticinco años después de que se hiciera cargo de su puesto en la Cuesta Moyano de Madrid. A. es librero e hijo de librero. Por cosas de la vida es multimillonario. Colecciona coches de lujo, vive en una pequeña mansión en el centro de Madrid y tiene detalles como regalar un palacio (sí, UN PALACIO) a su esposa por Navidad. Pero A. es librero y cuando ejerce olvida sus coches y sus millones y se dedica a lo suyo: a vender libros. Libros exotéricos, de budismo y alguno que otro de actualidad.

Un día me fui con él a comprar libros. Era un piso antiguo. Se había muerto el patriarca de la familia y los herederos lo primero que hicieron fue desprenderse de los libros. A. dejó su Masseratti aparcado en Cuesta Moyano. Nos fuimos al piso en el Metro. Con sólo una ojeada a la biblioteca descubrió tres piezas valiosas. El resto se vendería a precio de saldo. Eran algo más de dos mil ejemplares y pagó por ellos, en mano, 600 euros.

Atamos los libros, de diez en diez, con cuerdas que llevaba en el bolsillo. Los bajamos y desde la calle llamó a una amiga para que le ayudara a llevar los pesados fardos de libros. Tenía que ahorrar al máximo para que la operación le fuera rentable. Yo no podía entender cómo un hombre con su capacidad económica se comportaba así. ¿Por qué no alquilaba una furgoneta y mandaba un par de chavales para un trabajo tan pesado?

---Mira, me dijo, yo soy librero. Y lo soy todos los días del año. De nueve a nueve. Ni quiero, ni sé hacer otra cosa. Por eso vivo así, como un librero, como lo que soy.

Ahora los libreros como A. están en crisis. Los tiempos cambian, pero ellos no, siguen siendo lo que siempre han querido ser: libreros. Ni más ni menos.

jueves, 7 de enero de 2010

EL ARTE DE ESCRIBIR


Haced lo siguiente y habréis alcanzado de golpe el gran estilo: colocad una cosa después de otra. Nada más y esto es todo. ¿No habéis observado que el defecto de un escritor consiste en que coloca unas cosas dentro de otras, por medio de paréntesis, de apartados, de incisos y de consideraciones pasajeras e incidentales?.

Pues bien, lo contrario es colocar las ideas, las sensaciones unas después de otras. Las ideas deben colocarse según el orden en el que se piensan, y darlas la debida extensión. Más la dificultad está en pensar bien.

Esto pensaba Azorín hace un siglo. Machado fue un poco más lejos: "Cada día, señores, la literatura es más escrita y menos hablada. La consecuencia es que cada día se escribe peor, en una prosa fría, sin gracia, aunque no exenta de corrección, y que la oratoria sea un refrito de la palabra escrita". Y sentencia: "En todo orador de nuestros días hay siempre un periodista chapucero".

Qué poco han aprendido nuestros escritores, políticos y periodistas en el último siglo!!!!!
Aunque siempre hay excepciones...

martes, 5 de enero de 2010

NOCTURNO DE CHILE, DE ROBERTO BOLAÑO


Cura del Opus, crítico de literatura y poeta mediocre. Sebastián Urrutia Lacroix, conocido como el "padre Ibacache", se enfrenta a su conciencia y a la muerte en una noche febril. Una única noche, sin tregua, sin esperanza, sin futuro. Indefenso ante la soledad de una vida que se le escapa entre los dedos, mientras llama con los nudillos del alma a la ventana del joven envejecido que le pide cuentas más allá del abismo.

En Nocturno de Chile el poeta y escritor chileno Roberto Bolaño relata, a través de los recuerdos del cura Ibacahe, el ambiente más siniestro de la dictadura del general Pinochet en Chile. Un país que tras una apariencia de calles tranquilas escondía en los sótanos de sus casas, de sus cuarteles, de sus mansiones, una gran crueldad. Y Bolaños lo hace sin apenas dejar respirar al lector, con una borágine de personajes, de escenas, de sentimientos que atrapan desde la primera línea.

Es una novela corta (apenas 150 páginas) pero con la intensidad de una tormenta en medio del océano. Sebastían Urrutia, el "cura Ibacache", zozobra sin apenas un suspiro en un mar embravecido por la soberbia de un crítico que no reniega de los aplausos pedantes, y de un cura dócil y entregado a su clase social, clerical y arribista. Urrutia e Ibacache son un mismo personaje sometido a las febriles tensiones de sus dos caras: conoce y respeta a Neruda y, al mismo tiempo, da clases de marxismo a Pinochet; viaja por Europa aprendiendo a espantar las palomas que defecan en las catedrales y asiste impasible a la tortura en los sótanos de la casa de una mujer misteriosa, esposa de un espía y torturador.

Bolaño recrea este ambiente cínico y atroz con una escritura vibrante, personalísima, sin tregua. En un texto que no deja indiferente.


Roberto Bolaño habla sobre el rostro de sus lectores

lunes, 4 de enero de 2010

POESÍA, AMOR Y LIBERTAD: HOMENAJE A GRANELL



Para André Breton, el surrealismo era amor, libertad y poesía. Muy pocas personas han sabido encarnar más allá de un proyecto estético esos valores. Eugenio Fernández Granell es uno de ellos. Con los 90 años casi cumplidos, mantuvo hasta la muerte su mirada tierna y apasionada, la inteligencia sensible y culta, y el carácter tolerante, comprimetido también, que ha marcado toda su vida.
Encontré a Eugenio, por primera vez, en su casa
de Madrid en 1998. Lo recuerdo acurrucado en su sillón de orejeras, fumando (me pidió mi caja de puritos de La Paz, aunque tenía prohibido fumar). Extremadamente delgado. Me impresionó su mirada y su capacidad para escuchar. El hombre que nació cerca del mar, bajo la luz de una Coruña liberal y pujante a principios del siglo pasado; el músico virtuoso, el culto crítico y valiente periodista, el gran creador surrealista, me miraba. Y parecía que lo que yo decía era lo más importante del mundo. Escuchaba con la intensidad del niño que nunca dejó de ser, a tumba abierta, todo curiosidad. Eran los ojos de un hombre sin nada que olvidar y sin temor al día siguiente.
De aquella conversación apenas logré algunas pinceladas de su vida: a Granell siempre le interesaron más los demás que él mismo.
He vuelto muchas veces por su casa, museo, biblioteca, taller de artista. Y en las largas conversaciones supe de su infinita paciencia, de su compromiso que le llevó al punto de estar condenado a muerte por no querer, en la Revolución de Asturias de 1934, formar parte de un pelotón de fusilamiento. Y de su capacidad de amar. De amar la vida, la poesía y la libertad.
Y de amar a Amparo Segarra, su compañera desde que se conocieron en un tren de exiliados en la Francia de 1939. Eugenio no se entiende sin Amparo, gran parte de su persona se encarna en esta mujer, artista y musa, soporte y aliento de Granell.
Eugenio era, por encima de todo, un hombre querido. Sin quererlo, creó a su alrededor un grupo de "granelianos", expertos en su obra, voraces lectores de sus novelas y artículos. Mujeres y hombres atrapados por una vida convulsa, cruel y desgarrada. Pero también una vida de poesía, amor y libertad.


(El 25 de octubre de 2001 moría Eugenio Fernández Granell. Pintor, periodista, militante del POUM, exiliado, catedrático en EEUU. Pero, por encima de todo, un extraordinario ser humano. Este es mi humilde homenaje).
(Imagen: Eugenio con Marta y Beatriz, mis hijas)

AQUÍ EMPEZÓ TODO


Aquí empezó todo. Esquilo. Dante, Shakespeare, Cervantes y Márquez. En estos versos terribles, profundos, desgarradaores: La Ilíada, el libro de los libros, el mayor regalo que los dioses inexistentes otorgaron a los hombres sedientos. Nadie es bueno en La Ilíada. Por eso la poesía es verdad. Así empieza:




"La cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,
maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,
precipitó la Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos los hizo presa para los perros
y para todas las aves -y así se cumplía el plan de Zeus-,
desde que por primera vez se separaron tras haber reñido
el Átrida, soberano de hombres, y Aquiles, de la casa de Zeus"

...

(Imagen: Homero)