viernes, 18 de noviembre de 2011

LA DAMA DEL PERRITO

Hace unos días estuve en León. Mi ciudad. Bajo las sombras de la luna encontré a la dama del perrito. Estaba en El Agustín, un bar de siempre del Barrio Húmedo. El Agustín era hace treinta años el lugar de encuentro de la juventud más radical. Sus paredes rebosaban de símbolos políticos, de frases escritas con la inocencia y la desmesura de la pasión. De forma esporádica las disputas entre parroquianos llegaban a las manos. Eran peleas más simbólicas que violentas. La dama de la perrito, tan proustiana, siempre estaba allí. Y antes, en el Miche, en la plaza de La Cebada o en la taberna La Bicha.

Un día, en el Agustín, la pelea se nos fue a todos un poco de las manos. Llegó la policía. Cerraron el bar.

Lo mejor de El Agustín era pedir tus cañas y beberlas sentado en la acera. Una acera estrecha, en una calle intrasitable. Llevábamos entonces insignias de Lou Reed o Sex Pistols, el pelo hasta la cintura y una soberbia inagotable. La dama del perrito aparecía: demasiado arreglada, rubia, pintada, acicalada como madrina de boda. Solo bebía vino.

En El Agustín los demás bebíamos cerveza. Mucha. No recuerdo la música. El camarero era alto, espigado, silencioso. Te servía. Y ya.
Tenía barba de tres días, siempre, y nos preguntábamos cómo lo hacía. Cada noche el bar estaba de bote en bote. Menos cuando llegaba la policía y desaparecíamos todos, salvo la dama del perrito.
Hace unos pocos días volví a ver a la dama del perrito con su copa de vino, nombrando por su nombre a todos, en El Agustín. El bar ha cambiado, León ha cambiado, el mundo ha cambiado, pero la dama sigue igual, con su perrito. Y con su belleza imposible, su postiza melena rubia, su sonrisa ebria, tierna y solitaria. Le hablé de su perro. "Todo ha cambiado, dijo, El Agustín, León, el mundo..." Y se fue, mientras su rimel se derretía bajo las sombras de la luna.


(Imagen: "Mujer y perro bajo la luna". Joán Miró)

1 comentario:

Mª Paz Gómez dijo...

Dicen que la "morriña" es patrimonio de los gallegos pero los que no lo somos también sentimos algo parecido que solemos llamar nostalgia. Esta nota en tu "diario" es un exponente de esa añoranza. Es bueno volver la vista atrás y evocar tiempos pasados pero también lo es revivirlos, o intentarlo al menos. Volver al "Agustín" es un buen modo de hacerlo.